La hora de la verdad

03 julio 2018 Por Lic. Claudio Fermani
Licenciado Claudio Fermani

LA HORA DE LA VERDAD
Por Lic. Claudio Fermani

Ya algunas heridas superficiales se han sanado tras la eliminación argentina el sábado pasado a manos de un equipo francés que nunca se rindió. Algo se hizo bien en el conjunto europeo mientras que se vio una debacle en nuestro propio gallinero.
El marcador al final maquillado con valentía por nuestros jugadores sirvió para que gran parte del público pueda despedirlos sin la necesidad de “ejecutarlos” públicamente por el resultado. Ahora, como muchas voces del deporte lo han manifestado, es hora de un necesario cambio generacional, y principalmente, un cambio gerencial y organizacional para tener verdaderas chances al máximo nivel.
Para muchos fue una gran sorpresa saber que una selección de tan alto nivel y de las más caras en el mundo no tenga en sus filas un psicólogo deportivo. Algo que a niveles de competencia internacional no se perdona, sobre todo porque en el mundo ya se entendió que no es sólo un deporte: la selección nacional es un trabajo, y como toda empresa, debería tener un área de Recursos Humanos.
El trabajo del psicólogo en el alto rendimiento es similar al de los talleres de automóviles: traés el auto roto, lo dejamos a punto y la decisión luego es tuya, a donde ir, por dónde y cómo. Y este taller como muchos entendieron, es interdisciplinar, es decir, está el médico, el preparador físico, el kinesiólogo y también el director técnico.
El trabajo psicólogo es uno más en la organización, ni mayor ni menor que otros, es necesario, pero como pudimos comprobar en los resultados, termina siendo un gigantesco punto débil, ya que termina siendo mucho más importante que sus pares por su ausencia, como en una mesa a la que le falta una pata.
Los jugadores ante este panorama recrearon la frase que básicamente resume el mundial argentino: “hicieron lo que pudieron con lo que tenían”. Ciertamente, el trabajo del psicólogo del equipo tendría que haber empezado 2 años antes del mundial, eso si hubiera un psicólogo claro.
Entonces, la realidad fue lapidante, ya que no entiende de grises: lo que empieza mal termina mal, el tiempo no cura, sólo profundiza los resultados.
La “ilusión” fue pedirles a 11 jugadores que crearan un recurso mental que es imposible tener sin trabajo previo, exigirles que mantengan un resultado que ellos mismos con mucho juego habían conseguido. Y luego rogarles que no caigan más abajo, cuando esta generación se caracterizó por no recuperarse dentro de un partido luego de darse una serie de resultados adversos.
Sin embargo, se vieron muchas herramientas buenas que son parte de la marca del equipo: un partido decisivo contra Nigeria que se ganó con actitud y el partido de Francia, aún con un resultado adverso, se mostró con ganas e interés.
En resumen, el deporte de alto nivel no sólo son buenas intenciones. Son búsquedas conscientes de resultados que se alcanzan con planificación profesional adecuada, plan que no puede diagramar un dirigente ni un director técnico, porque es pedirle al elefante que sepa manejar un tractor.
Si cada profesional ocupa su lugar y se le da la voz para llevar a un equipo a un resultado, finalmente se terminará de decir: “se hizo lo que se pudo”. Basta de pedir perdón, es hora del trabajo profesional.

Lic. Claudio Fermani
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