La selección argentina y la lámpara del genio

28 junio 2018

La idealización y el pensamiento mágico como punto de partida en la Épica de Rusia 2018

Lic. Ricardo Ignacio González Longo (*)

Minuto 86 y el aire se cortaba con sólo respirar fuerte en algún suspiro, estábamos empatando con un equipo africano y nos quedábamos fuera del mundial. Pero una vez más alguien frotó la lámpara y el genio cumplió el deseo de 44 millones de hinchas fanáticos de Argentina, Marcos Rojo y un gol inolvidable para llevar a todo un país de la angustia a la gloria.
¿Qué diferencia hay entre los deseos y objetivos?
Aquí comenzamos a diferenciar un proceso de trabajo con su planificación correspondiente y la simple expresión de deseo de algo soñado. Cada una de las selecciones participantes en este mundial desea lo mismo, pero no todas se preparan previamente de la misma manera, ni tampoco poseen las mismas capacidades y talentos hechos trabajo colectivo para transformar sus sueños en metas alcanzables.
¿Qué podemos entender por idealización?
En palabras simples podemos reconocerla como la proyección de características valoradas a una persona o en este caso grupo de personas con las que nos identificamos.
La identificación como mecanismo colectivo nos permite relacionarnos, si y esto es algo transcendente, saludable para cada comunidad que pueda compartir sueños y valores.
Pero, por otra parte, quizás no sea suficiente al momento de pretender ir más allá del pensamiento mágico que lo intente sostener en el tiempo. Para esto, cada deseo tendrá en el mejor de los casos la oportunidad, si tomamos conciencia de ello, de poder volverse proyecto para poder trabajar en eso, y claro está, salir a la cancha a competir.
El pensamiento mágico puede funcionar como motivación inicial, sabiendo que cada persona tiene la libertad de elegir en qué creer, y entendiendo que esa libertad nos hace responsables de nuestros resultados. Ahora si pensamos que el funcionamiento de un equipo en cualquier deporte y el resultado de un proceso dependen meramente de algún genio, nuestras posibilidades serán escasas e inestables y a la vista está el trabajo y desgaste que implicó la fase de clasificación.
¿Si tenemos un fuerte dolor en el estómago, elegimos ir a que nos curen el empacho con una cinta, o podemos incluir la alternativa de recurrir a un médico para qué nos diagnostique y nos trate una potencial apendicitis?
Ante ese escenario nos encontramos. La genialidad podrá estar en reconocernos como protagonistas dentro de un proceso que requiere planificación estratégica y trabajo colectivo. Si algo de esto ocurre, la selección argentina podría dejar de ser percibida meramente como un grupo de amigos para transformarse en cada paso en un equipo con un rendimiento superlativo, lo cual va más allá de la suma de sus individualidades.
El genio de la lámpara le dio a Aladino sólo tres deseos, por lo cual ni siquiera en el cuento éste pensamiento mágico es infinito. Argentina en Rusia 2018 tiene la oportunidad de dejar de lado las lámparas y poder reconocer que está ante una oportunidad histórica de dejar un legado para la posteridad si puede trascender la idealización para transformarse en un Equipo Genial.

(*) Overtime Psicología Organizacional Deportiva
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